domingo, 4 de febrero de 2018

MI NOVELA LOBOS

Hace unos días, leí en la prensa que el gobierno egipcio ha lanzado una campaña de promoción para intentar fomentar su perjudicado turismo.
La genialidad de los publicitarios del maravilloso país, ha sido contratar al hombre más alto del mundo, el turco Sultan Kosen que mide 2,43 metros y a la hindú Jyoti Ange que solamente ha crecido hasta los 62,8 centímetros.

La insólita pareja, que ostentan un record Guiness cada uno, posaron frente a la pirámide de Keops, en el valle de Guiza. 
Foto de archivo
Desconozco el mensaje que los creativos egipcios han pretendido comunicar con esta iniciativa, lo cierto es que, turísticamente, Egipto está bajo mínimos y es una lástima. 

Deseo sinceramente que esta promoción y las próximas que se deberían realizar, estén a la “altura” de las circunstancias y estimulen a los turistas a visitar el país. Vale la pena. 

Quisiera aportar un granito de arena y aunque ya escribí en este blog (enero 2016) algunas líneas sobre el crucero por el Nilo, en esta ocasión, reproduciré un pasaje de mi última novela, LOBOS. 

Una aventura por el Nilo, emulando, con humildad y respeto, la gran novela de Agatha Christie, “Muerte en el Nilo”.


A las cinco de la madrugada todavía era noche cerrada, y la temperatura había descendido sensiblemente.
Los cinco pasajeros, con aspecto de cansancio, tomaban un café con bollería surtida en el interior de la primera cubierta. Las pocas horas que habían dormido hacían mella en sus caras.
―Señores, ―interrumpió Ahmed El Gohary―, deberíamos partir cuanto antes. Disponemos de una lancha motora que nos trasladará hasta la otraorilla del Nilo. Les sugiero alguna prenda de abrigo. Hasta que no salga el sol, suele refrescar.
La pequeña embarcación cabinada, se encontraba amarrada junto al ITERU y sus inmediatos ocupantes no tuvieron ninguna dificultad en acceder a ella.
El tripulante de la barca, solícito y sin decir palabra, ayudó a sus clientes a situarse en el interior de la cabina. A continuación soltó amarras y de inmediato la embarcación zarpó de la dársena privada de Luxor Luxury Cruise Limited
Company.
Junto al patrón de la embarcación, que estaba frente al timón, un enjuto y encorvado egipcio, embutido en una andrajosa chilaba, se hallaba sentado encima de una nevera portátil de hielo.
―Os presento a Masud, significa “afortunado” ―Ahmed, señalaba al enclenque personaje―. El servicial Masud, nos acompañará durante nuestro recorrido por el Nilo, sin desprenderse ni un instante de su inseparable nevera repleta de refrescantes bebidas.
―Buenos días, Masud. Encantado de conocerte... ―Marc se incorporó para saludar al aludido hombre.
―No se moleste señor, ―interceptó el guía―, es sordomudo.
Masud es muy atento y respetuoso pero... ni oye, ni habla.
Sin embargo, cuando necesiten beber algo, háganle una señal con la mano...
Masud forma parte de un servicio exclusivo para grupos reducidos y exigentes como ustedes.
Debo confesar, ―añadió el guía―, que el señor Muntaner, no dudó ni un instante en contratar la asistencia del fiel Masud, en cuanto le hice saber que existía esta posibilidad.
Si ustedes me lo permiten, ―Ahmed aprovechó el corto trayecto del cauce del Nilo, para recordarles algunos consejos―, les recomiendo que durante nuestras visitas a los templos, beban mucha agua. Aunque las excursiones las realizaremos a primera hora de la mañana. En Egipto y en cualquier época del año, cuando el sol surge del horizonte, aprieta con rabia.
También me gustaría advertirles, sin ánimo de incomodar, que las leyes egipcias son muy rigurosas con algunas costumbres occidentales como beber alcohol y fumar en el interior y exterior de los templos.
De todas formas, Masud, acarrea en su nevera todo tipo de bebidas y fuera de los recintos “faraónicos”, podrán saciar su sed con cualquier sustancia alcohólica.
La lancha llegó a la otra orilla del río en pocos minutos. El mismo monovolumen que los recogió en el aeropuerto internacional de Luxor y trasladó al embarcadero del ITERU, los estaba esperando.
El vehículo enfiló una estrecha carretera asfaltada de dos carriles, donde tan solo transitaban algunas furgonetas repletas de personas que se dirigían a los campos de cultivo, bicicletas y motocicletas exageradamente cargadas con fardos y personas, carros atiborrados de verduras y hortalizas, tirados por animales de carga con destino a los mercados matinales que diariamente nutrían a los habitantes de las pequeñas aldeas ribereñas del Nilo y algún transeúnte que caminaba con la apatía diaria hacia su destino laboral.
El giro inesperado que realizó el monovolumen por una calzada pedregosa, despertó a los cinco pasajeros que se habían aletargado en los asientos traseros.
Cada uno de ellos tenía la intención de preguntar ¿dónde nos encontramos...?
O ¿cuánto faltaba por llegar...? Pero la luz de cuatro enormes llamaradas aisladas en una explanada, dieron motivo por cambiar la pregunta:
―¿Se está quemando algo...? ―Inquirió Clara.
―No es ningún incendio. Ahora lo verán. ―Ahmed les tranquilizó.
El vehículo se detuvo muy cerca de uno de los grupos de personas que se concentraban en cada uno de los fuegos de la planicie.
La enorme tela multicolor desplegada en la tierra sujeta por varios cables a una cesta de mimbre y madera, delataba que los turistas madrugadores se enfrentaban a una aventura aérea en un globo aerostático.
―¡Dios mío, subiremos en globo...!
―Esto... ¿es seguro...?
―¡Es lo único que me faltaba hacer en esta vida... subir en globo...!
―Este trasto, ¿sube muy arriba...?
―¡Joder! ¿Estos tíos saben manejar esto...?
Todos y cada uno de los futuros aeronautas expresaba sus repentinas impresiones ante aquella inesperada experiencia.
Dos hombres vestidos con chilabas, aguantaban fuertemente el habitáculo rectangular de mimbre entrelazado, amarrado al suelo.
En su interior, dos egipcios más manipulaban las válvulas de los quemadores de propano calentando el aire de la tela esférica. El globo empezó a enderezarse.
Con la ayuda de una banqueta corroída de madera para facilitar el acceso a la barquilla, Cristian y sus invitados se acomodaron en su interior, sujetándose al pasamanos, algo temerosos.
Por su parte, Masud se había introducido dentro de la cesta, con una facilidad inusual, teniendo en cuenta su cuerpo lisiado y cargado con su inseparable nevera.
Una gran llamarada, a pocos metros de las cabezas de los aeronautas, expulsada por el quemador sujeto al armazón que sostenía el frágil habitáculo de mimbre, iluminaba las entrañas de la gran esfera multicolor que comenzó a elevarse.
Un resplandor madrugador, irradiaba en el horizonte y presagiaba un amanecer espectacularmente bello, planeando desde trescientos metros de altura.
―Queridos amigos, ―interceptó Ahmed, justo en el momento mágico que envolvía a los cinco expectantes compañeros de viaje―, aunque sea muy temprano, creo que es una buena ocasión para celebrar toda esta maravilla. ¡Masud...!
El fiel servidor ya tenía en sus manos cinco copas de champán que las repartió con celeridad. Acto seguido abrió una botella del espumoso francés.
Ahmed, con un botellín de agua y con aspecto ceremonioso, los incitó a brindar:
―Bienvenidos a Egipto. Será un honor para mí poderles ilustrar un poco más sobre la historia de este país y concretamente sobre la historia del Antiguo Egipto. Les deseo una feliz estancia.
―Muchas gracias, Ahmed. ―Contestaron todos unánimemente.
―Muchas gracias. ―Cristian tomó la palabra―. De momento, Ahmed, el inicio de este esperanzador y maravilloso viaje, no podía ser tan sorprendente.
Muchas felicidades.
¡Por ti y por todas las maravillas de esta tierra.!
Todos alzaron sus copas.
Cuando el globo mantuvo el techo absoluto de vuelo, imperó la estabilidad.
Todos los ocupantes de aquella cesta que pendía de la enorme esfera solitaria que se balanceaba por encima de una planicie salpicada de casas a medio construir, de campos de cultivo y frondosas arboledas a orillas del Nilo, observaban con detalle el paisaje con la todavía tenue claridad del sol matinal.
―¿Es Luxor...?
―Exactamente señorita Clara. La ciudad de Luxor. ―Respondió Ahmed dispuesto a ofrecer su primera disertación sobre los monumentos que iban apareciendo con los primeros rayos de sol.
―La antigua ciudad de Tebas y capital del Imperio Egipcio durante casi mil años. Aquel complejo monumental, ―señaló el guía―, es el grandioso Templo de Amón, el “Rey de todos los Dioses” y también se puede apreciar la Avenida de las Esfinges con cabezas de carnero que enlaza este mismo templo con el de Karnak.
Un grandioso testimonio de la grandeza del Antiguo Egipcio.
Pasado mañana tendrán la ocasión de contemplar con detalle esta maravilla.
―Y a su izquierda, señoras y señores, ―continuó Ahmed―, pueden admirar los templos de Deir el-Bahari, un ejemplo claro de la integración del monumento en el paisaje.
Para construir los templos de Mentuhotep II, Hatshhepsut y Tutmosis III, aprovecharon la pared rocosa de la montaña.
Es uno de los conjuntos funerarios más importantes de la zona, ―prosiguió el guía egipcio ante la mirada expectante de sus clientes―, el más conocido es el de la reina Hatshhepsut, de la dinastía XVIII.
―¿Y el Valle de los Reyes, donde descubrieron la tumba y los tesoros de Tutan...?
―Neb-jeperu-Ra Tut-anj-Amón, más conocido como Tutankamón, señorita Clara. ―Ahmed se lo especificó con humildad.
―¡Eso, Tutankamón...!
―Pues Tutankamón, el “faraón niño”, fue un faraón perteneciente también a la dinastía XVIII y aunque su reinado fue breve e intrascendente, su fama se debe al descubrimiento tardío de su tumba.
Efectivamente, el egiptólogo inglés Howard Carter, descubrió la tumba de Tutankamón, en 1922 en el Valle de los Reyes y el impacto mediático tuvo cobertura a nivel mundial. Todo ello sirvió, y para nuestro país mucho más, para reavivar el interés por el Antiguo Egipto.
―Me muero de ganas por ver los tesoros que encontraron en su tumba...
Clara enfatizaba con su relato, imaginándose dentro de las cámaras funerarias
egipcias, ―y también deleitándome con el sarcófago de oro macizo...
―Me temo que esto no va a ser posible, señorita Clara... ―puntualizó Ahmed.
―¡Cristian...! ¿No veremos los tesoros de Tutankamón...?
―No visitaremos El Cairo, querida. Lo que descubrió Howard Carter se encuentra en el Museo Egipcio de El Cairo...
―¡Qué decepción. Con la ilusión que me hacía ver todas aquellas joyas y...!
―Pero mujer, no habrás venido a Egipto solo para ver cuatro reliquias de hace miles de años. ―Intervino David repulsando el tesoro de la tumba del faraón.
―Por cierto, Ahmed, ―interpeló la pareja de Clara―, en el Valle de los Reyes están enterrados los faraones y en el Valle de las Reinas... lógicamente las reinas, ¿es cierto...?
―No del todo, señor David. En el Valle de las Reinas se han descubierto, en la actualidad, 98 sepulcros y no todos son de las esposas de faraones, también se han encontrado tumbas de príncipes...
―Allí se encontró la tumba de Nefertiti, ¿verdad Ahmed...?
―No, señor David. Siento volver a rectificarlo. En la necrópolis del Valle de las Reinas, se encontró la tumba de Nefertari, la Gran esposa Real de Ramsés II...
―¡Bueno... bueno. Nefertari o... Nefertiti... Qué más da...!
Replicó David, molesto.
―Nefertiti, querido amigo, ―intercedió Cristian con un atisbo de presunción―, perteneció a la dinastía XVIII, cien años, aproximadamente, posterior a Nefertari y precisamente, Nefertiti junto a Cleopatra, ¿te suena, no? son las dos reinas que sus tumbas todavía no se han encontrado.
―Es cierto, ―aludió el guía egipcio―, aunque se especula que los restos de Nefertiti pueden hallarse en alguna de las cámaras adyacentes a la de Tutankamón...
―Nefertiti, ―intervino Marc―, creo que fue una mujer muy hermosa. Según un busto de ella que no recuerdo dónde se encuentra, se aprecia...
―En el Museo Egipcio de Berlín... ―Puntualizó Cristian.
―¿Cómo...?, ―preguntó su hermano.
―El busto de Nefertiti, que fue descubierto en el año 1912, en el taller de su escultor, en la antigua ciudad de Ajetatón, se encuentra en el Museo Egipcio de Berlín, querido hermanito...
Unos espaciados aplausos resonaron en el espacio etéreo que rodeaba aquella canasta que se columpiaba sutilmente.
―¡Muy bien... Fantástico... Profesor Muntaner...!
Podrías continuar la visita... Cristian, con el permiso de Ahmed, por supuesto.
Nos estás sorprendiendo una vez más, profesor. Nos estás descubriendo tu nueva faceta de erudito egiptólogo...
Ivana se mofaba desde el otro lado de la barquilla.
―¡Por favor, Ivana...! Solo he leído algo de historia, antes de viajar... No seas cruel querida y piensa en lo que dijo Confucio...: “el que domina su cólera, domina a su peor enemigo..,” pero si me aceptas un consejo, no te convienen ciertos enemigos...
Sin embargo... brindaremos por ti.
Cristian se acercó a Masud y le extendió un billete de 50 Libras Egipcias y su copa vacía.
―¿Tenemos más champán, Masud?
―Me alegro que pienses así, querido... ―Clara se acercó al fiel sirviente.
Mientras los cinco amigos brindaban con una segunda botella de champán bien frío, uno de los egipcios le hizo un comentario a Ahmed y a continuación el guía se dirigió al grupo:
―¿Señores, les comunico que vamos a realizar la operación de descenso. Les rogaría que se sujetaran a la baranda.
El inmenso globo aerostático inició el descenso hasta llegar a pocos metros del suelo. Mientras que los dos egipcios manipulaban las válvulas del quemador, la barquilla rozó la superficie arenosa en una llanura desértica y volvió a ascender. A lo lejos se entreveían varios vehículos en medio de una espesa polvareda.
La base de madera de la canasta, con los aeronautas en su interior, volvió a arrastrarse por la escabrosa y desolada explanada, de manera brusca, hasta que se detuvo.
Los vehículos, dos todoterrenos, una furgoneta con seis egipcios y un viejo camión con la caja abierta, llegaron al lugar. Masud fue el primero que, junto a su nevera, saltó a tierra firme y corriendo se acercó a uno de los Toyotas
recién llegados.
Aunque las manecillas de los relejes solo marcaban las nueve de la mañana, el calor era sofocante. El servicial egipcio les facilitó, a pie de los vehículos, toallitas húmedas. El reducido grupo se repartió en los dos coches que tenían el aire acondicionado en marcha, deferencia que los acalorados aeronautas agradecieron.
Los dos Toyotas se alejaron de aquel inhóspito lugar mientras los ocupantes de la furgoneta habían rodeado la gran tela multicolor e intentaban dominarla.
Después de extinguirse el soplete que caldeaba su interior, se desvaneció, y aunque extendida en el suelo, todavía se contoneaba por la brisa matinal en aquel desierto diáfano.
Una vez que los turistas españoles sustituyeron los destartalados todoterrenos por su Mercedes Benz Vito de la naviera Luxor Luxury Cruise Limited Company que permanecía en la misma explanada en la que despegó el globo aerostático, se dirigieron hacia a carretera principal.
Por recomendación de Ahmed El Gohary, antes del mediodía visitarían los templos de Deir el-Bahari y el Valle de los Reyes.

LOBOS (2017) Si alguien está interesado en la novela, puede contactar conmigo.

 

sábado, 20 de enero de 2018

LUGARES E INSTANTES... 26

LA VIDA NO SE MIDE POR EL NÚMERO

 DE VECES QUE RESPIRAMOS SINO POR

 LOS LUGARES E INSTANTES QUE NOS

 QUITAN LA RESPIRACIÓN.

He tenido la gran suerte y el enorme privilegio de viajar por medio mundo acompañando a maravillosas personas que junto a todos los rincones tan asombrosos como irrepetibles que he visitado, los llevo muy dentro de mí.
Pablo Neruda dijo en uno de sus poemas algo parecido a esto:“...Algún día en cualquier lugar te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.. “
Ahora, quiero compartir con vosotros, algunos de estos lugares que por las circunstancias que fuesen, felizmente... perdí la respiración. 


Cuando en 1987 se estrenó la película de Bernardo Bertolucci, El último emperador, ganadora entre otros premios, de nueve Óscar, me impresionó de manera especial, no sólo por el argumento, la fotografía y por la genialidad del director Bertolucci, sino por el impresionante lugar dónde fue rodada.

El último emperador, fue el primer filme que las autoridades chinas dieron su permiso para rodar en el interior de la Ciudad Prohibida.
La película, cuenta la vida de Aisin-Gioro Pu Yi, el último emperador de la dinastía chino-manchú de los Qing, que accedió al trono a los tres años de edad y reinó en la Ciudad Prohibida hasta que las fuerzas republicanas abolieron la corte imperial.Pu Yi, fue encarcelado durante la revolución comunista y en los últimos años de su vida, en la época de Mao, ejerció de jardinero en el Parque Botánico de Pekín.En 1998, conseguí viajar a China y por supuesto visité el escenario real que Bertolucci logró para filmar su espectacular película.Pekín o Beijing, es la capital de la República Popular China y es una de las ciudades más habitadas del mundo con más de veinte millones de habitantes.Sinceramente, dejando aparte los espectaculares legados de las dinastías Ming y Qing como la Ciudad Prohibida, la Plaza Tian’anmen, el Templo del Cielo, el palacio de Verano o la Gran Muralla, que se encuentra a 70 kilómetros de Pekín y considerada una de las “Nuevas Siete Maravillas dl Mundo”, la ciudad no tiene mayor interés turístico.La capital de la República Popular China, en lo que se refiere al centro de la ciudad, hace ahora una veintena de años, era como muchas otras urbes del mundo, un aglomerado de edificios de cemento, acero y cristal, fea, oscura, sucia e irrespirable.Y por supuesto, los barrios más humildes, la realidad era ciertamente vergonzosa.Supongo que actualmente habrá mejorado algo... espero.La Ciudad Prohibida, es el mayor complejo palaciego del mundo construido entre 1406 y 1420 y está declarado Patrimonio de la Humanidad y considerado por la Unesco, como el mayor conjunto de estructuras antiguas de madera en el mundo.Es de forma rectangular y está rodeada por una muralla de 8 metros de altura y casi 9 metros de anchura y cercada por un canal de 50 metros de ancho y 6 metros de profundidad.Prácticamente inexpugnable.En su interior, tiene unas dimensiones espeluznantes: 1.000 metros de norte a sur y casi 800 de este a oeste y alberga 980 edificios.Por ello, no es ninguna exageración, llamarla “ciudad”.Además, la Ciudad Prohibida cuenta con el Museo del Palacio que conserva una extraordinaria y descomunal colección imperial de obras de arte de las dinastías Ming y Qing que se eleva a más de 1.500.000 piezas consideradas “reliquias culturales valiosas”, protegidas por el gobierno chino.El Palacio Imperial, conocido como la Ciudad Prohibida, fue la residencia oficial de los últimos 24 emperadores de las dinastías Ming y Qing y sólo ellos con las emperatrices, concubinas, miembros de su familia, eunucos y sirvientes, podían residir en el interior de la ciudad.Justo al entrar por la puerta principal, llamada Puerta del Sur o  Meridiana se encuentra la inmensa plaza en donde se rodó gran parte de la película de Bertolucci. Al fondo y subiendo unas terrazas de mármol blanco y en el recinto del Patio Exterior, se yergue uno de los salones más impresionantes del recinto: el Salón de la Armonía Suprema, en su interior está emplazado el Trono del Dragón.Dos alones más se encuentran a su alrededor: El Salón de la Armonía Media y el Salón de la Armonía Preservada.A continuación, y en el Patio Interior, se edificaron tres salones algo más pequeños: el Palacio de la Pureza Celestial, que fue la residencia privada de los emperadores, el Salón de la Unión y el Palacio de la Tranquilidad Terrenal.Siguiendo al oeste se puede visitar el Salón del Cultivo Mental y al noroeste del Patio Interior, el emperador Qianlong construyó, previendo su jubilación, el Palacio de la Longevidad Tranquila que su fachada me sorprendió su espectacular Muro de los Nueve Dragones de 30 metros de largo y construido con 270 piezas de cerámica de vistosos colores.El recorrido por la Ciudad Prohibida es tan interesante como agotador, sin embargo, mientras te sumerges en las entrañas de los palacios con olor a madera rancia y humedad, la historia de una civilización, de una cultura milenaria, no te deja indiferente.Cabe destacar, en el recorrido por la Ciudad Prohibida, la sutileza de los nombres de sus palacios y salones. Os pues recuerdo algunos más: Salón de las Elegancias Acumuladas, Salón de la Eterna Primavera, Salón de la Completa Felicidad, Salón de la Suprema Exaltación...Si nombráramos algunos rincones de nuestras casas con algunos de estos seductores nombres... ¿seríamos más felices...?



Las terrazas de mármol blanco que acceden al Palacio de la Armonía Suprema. 

En su interior, se encuentra el Trono del Dragón

Palacio de la Longevidad Tranquila




Muro de los Nueve Dragones
En los tejados se encuentran figuras encabezadas por un hombre a caballo


jueves, 4 de enero de 2018

A TRAVÉS DE LA CORTINILLA 29

ORIXÁS

Figuras en papel maché, representando a algunos Orixás. Adquiridas en Praia do Forte, Salvador de Bahía.
Colección particular del propietario de este blog. 

Cuando los esclavos de África llegaron a Brasil y a otros países caribeños, no sólo trajeron la diversidad de su cultura sino también sus rituales religiosos que en muchas ocasiones fueron confundidos con brujería y hechizos.
El más popular fue la Santería, una fusión de creencias religiosas católicas con la yoruba, grupo étnico del oeste africano y practicada por los esclavos negros.
Su dios, conocido como Olurún, es la energía espiritual de la que se compone el universo: todo lo vivo y todas las cosas materiales.
La Santería tiene sus emisarios más conocidos como los Orixás, quienes gobiernan cada una de las fuerzas de la naturaleza y cada aspecto de la vida humana.

Algunos de los Orixás más populares:


OXALÁ OXALUFAN / OBBATALA
Es un dios de la religión yoruba y el Orixá mayor, creador de la tierra y escultor del ser humano.
Es puro por excelencia, dueño de todo lo blanco, de la cabeza, de los pensamientos y de los sueños.
Fue mandado a la tierra para hacer el bien y para que gobernara como rey del planeta, por Olofin, el dueño del palacio que dirige y supervisa los trabajos de los Orixás.
Oxalá es misericordioso y amante de la paz y la armonía.
Todos los Orixás lo respetan y lo buscan como abogado.
No admite que nadie se desnude en su presencia o se digan frases duras o injuriosas. Sus hijos deben ser muy respetuosos.
Es también el único Orixá que tiene veinticuatro caminos masculinos y femeninos.

OGUM
Es un dios de la religión yoruba.
Es el Orixá de los herreros, de las guerras, de la tecnología, de los cirujanos, del ejército y de los policías y posee además un carácter irascible y violento hacia sus enemigos.
Su símbolo principal es el machete, con el cual lucha contra sus rivales o para poder abrirse camino a través de la vegetación de la selva.
Se le asocia popularmente a San Pedro por llevar en sus manos las llaves del reino de los cielos.
También está relacionado con San Jorge, San Pablo y San Miguel por empuñar la espada y por ser un guerrero con casco y lanza.

YANSA
Es una Orixá femenina de las religiones afro-brasileña y afro-cubanas.
Es la Orixá de los vientos, huracanes y tempestades.
En alguno de sus caminos es dueña de la entrada de los cementerios, y tiene dominio sobre los Egunes (espíritus de los muertos).
Además de su relación con el cementerio, favorece la fertilidad, contribuyendo con las tempestades a la fertilidad de la tierra.


YEMANJÁ
Es la Orixá de la divinidad y la fertilidad de la mitología yoruba, originalmente asociada a los ríos y desembocaduras.
Su culto principal se estableció en la ciudad Abeokuta en Nigeria junto al río Ogun de donde se manifiesta en cualquiera otro cuerpo de agua.
Yemanjá es la madre de todos los hijos en la tierra y representa al útero en cualquier especie como fuente de la vida, la fertilidad y la maternidad. 
Se dice que todos somos hijos de ella, por que durante nueve meses nadamos como peces en la placenta de nuestra madre.


OXUM
También es un dios de la religión yoruba.
Las mujeres que desean tener hijos se dirigen a Oxum. Ella controla la fecundidad.
Posee el título de Iyalode, conferido a la persona que ocupa el lugar más importante entre todas las mujeres de la ciudad.
Además de eso, ella es la Reina de todos los ríos y ejerce su poder sobre el agua dulce, sin la cual la vida en la tierra seria imposible.
Su poder está constituido por piedras del fondo del río Ogun, de joyas de bronce y de un peine del caparazón de tortuga.
Es conocida por “la mujer elegante que tiene joyas de bronce macizo”.